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Aquél rescate de Rita, “La mujer que cayó del cielo"

2022-11-24 - Redacción


Nació en Camargo a principios de los años sesenta. Se apasionó por la historia de Chihuahua, pero sobre todo, vivió entusiasmado con la vida y la emancipación de los Ralámuris.


 

SERGIO ARMANDO López-Castillo

 

Viajaba siempre, parecía nómada. Sin embargo el andar en Europa, Estados Unidos o Sudamérica, no le impidió mantener raíces profundas y comunicación con el pueblo Tarahumara. Muy pronto Uruachi y Víctor Hugo Rascón Banda –su entrañable amigo dramaturgo–; se convirtieron casi en su hogar y encuentro recurrente.

Velaba por la gente de ese municipio y por la de otras comunidades aledañas, allá en la serranía. Era incansable gestor, abogado, estudioso y solidario con ellos, los naturales de la región.

Ese terruño que hizo suyo y que a la vez, sus habitantes, lo adoptaron a él como su hijo querido, significó todo en su vida.

Un buen día, Miguel Ángel Giner Rey, me llamó a la redacción del periódico Novedades de Chihuahua -Después Vanguardia-, un tanto preocupado. Dijo que el Alcalde de Uruachi, se encontraba asustado, angustiado, porque los narcos de la zona tenían amedrentada a la gente del municipio y a sus habitantes.

En esa ocasión, agregaba, que no le hacían caso a su amigo el alcalde, ni al gobernador, ni la zona militar, ni a nadie. Era el año 1990.

El edil, hombre de buena fe, trabajador, honesto, ingenuamente había decidido enfrentar a una gavilla de sembradores y comercializadores de droga.

Pero no tenía aliados. Los maestros de la primaria del pueblo, el cacique y muchos otros, estaban coludidos con los envenenadores en ese lugar. Accedí a entrevistarme con el Presidente Municipal y publicamos la información en primera plana al siguiente día: “Uruachi a merced de Narcos; denuncia el Alcalde del lugar”.

Miguel Ángel agradeció la cobertura que dimos al caso del munícipe serrano y volvió a telefonear desde esa región muy pronto. Fue a los tres días de que se difundió esa denuncia pública, cuando en una nueva comunicación, Miguel Ángel me dio otra noticia, pasmado, serio, con la voz entrecortada, me dijo: “Se desbarrancó el presidente municipal en su camioneta”.

Me quedé mudo, impactado. La realidad fue que alguien de los criminales había empujado con otro vehículo al del edil de Uruachi, y éste cayó a un voladero.

Miguel Ángel triste, ensimismado, comentó: “era un hombre bueno, valiente, honorable. Pero ya ves, eso le costó la vida”... No dije nada.

Giner no cambió su entusiasmo altruista y comedido por la gente de Uruachi y de otros muchos lugares serranos. Pasó el tiempo y siguió ayudándolos, pendiente de ellos, de sus aspiraciones, de sus problemas, de sus necesidades.

Desde una modesta oficina en la entonces Coordinación de Fortalecimiento Municipal de Gobierno del Estado, en tiempos de Don Luis Fuentes Molinar y luego de Ricardo Chávez Cadena, Miguel Ángel auxilió a muchos grupos indígenas y de las comunidades de la sierra.

 

A los pocos años, Giner Rey, intensificó sus salidas del estado y del país. Quería aprender de otras culturas, de otros pueblos, de su idiosincrasia, de sus costumbres, sin olvidar las suyas.

Cada que se encontraba en algún punto, Miguel Ángel llamaba contento, transmitía información, hacía reseñas, crónicas y las compartía con muchos de nosotros los comunicadores chihuahuenses.

Finalmente, inquieto, tenaz, se instaló en Johnson, Kansas, Estados Unidos. Fue contratado en una institución pública, relacionada con la agricultura del gobierno de ese estado. Y siguió su contacto telefónico con Chihuahua, con su hermana Rosario Giner Rey y con su amigo de siempre, Víctor Hugo Rascón.

Fue así como Miguel Ángel, en un caso insólito, encontró en un centro de salud mental a una coterránea de origen Ralámuri. No podía creerlo. Se trataba de Rita, una mujer Tarahumara que andaba en los 40 años y que había sido internada allá, diagnosticada de loca esquizofrénica, porque no le entendían el dialecto en que se expresaba.

Ella apareció misteriosamente en 1983 en ese territorio “gringo”. Cuando los oficiales de la policía migratoria la encontraron y la oyeron hablar, dijeron haberla escuchado expresarse en jerigonza y no reconocieron el dialecto Ralámuri. Los agentes, desde luego desconocían ese lenguaje de los indios de la Tarahumara.

Las autoridades la transportaron al Hospital Estatal Larned, donde un médico concluyó que Rita Patiño Quintero era enferma mental crónica, y una orden del tribunal estableció que ella debía permanecer ahí.

De inmediato, asombrado, pero a la vez motivado para ayudarla, Miguel Ángel fue a verla, se comunicó y entendió rápido con ella, en su idioma original; el mismo que Giner había aprendido por su relación y constante convivencia con los Tarahumaras de la sierra, a los

que en verdad amaba. Así como un idioma puede abrir las puertas, también las puede cerrar, en forma dramática e inverosímil, comentó una vez Miguel Ángel.

Este último fue el caso de Rita Patiño Quintero, quién había estado casi doce años encerrada en el Hospital Estatal Larned, debido a una diagnosis equivocada que la calificaba de paranoica peligrosa, y por ello estuvo medicada con drogas psicotrópicas, simplemente porque nadie podía entenderle su idioma indígena-mexicano.

Giner Rey, ayudado por su hermana Rosario, y debido al contacto con las autoridades mexicanas y luego con las chihuahuenses, logró sacarla del hospital mental norteamericano después de un largo vía crucis burocrático y sinuoso que tuvieron que pasar en ese país vecino, con su gobierno insensible y racista.

Miguel Ángel Giner Rey se dedicó a la repatriación de Rita a México en septiembre 1995, donde Rosario Giner Rey se hizo cargo de Patiño Quintero, cuando ella retornó a Chihuahua.

Debido a la investigación llevada a cabo por Kansas Advocacy & Protective Services, Inc., en los registros de pacientes recluidos por mucho tiempo en los hospitales estatales mentales, se descubrió que Rita Patiño Quintero no hablaba el inglés ni español, pues ella era «tarahumara» y del «viejo México», dijeron en su informe.

Atendida por los hermanos Giner Rey, Rita comenzó a reponerse de las torturas, de los efectos nefastos que le provocaron los medicamentos a base de la droga suministrada, y de la angustia sufrida.

La disponibilidad, el apoyo y la comprensión de sus rescatistas paisanos, le comenzaron a cambiar la vida a Rita.

Fue así como la indígena Tarahumara, al cabo de unos meses fue devuelta a su añorada tierra, con los suyos.

Miguel Ángel y Rosario Giner Rey permanecieron en Kansas por su trabajo, y al poco tiempo contaron la historia a muchas personas. Ésa, una encrucijada de la vida real, que comenzó en ese rincón del sureste de Kansas, en Johnson, donde Rosario Giner, por su parte, trabajaba como técnica de salud mental en Valeo Behavioral Health Care, pronto fue divulgada allá en Estados Unidos, por la iniciativa de los Giner Rey.

Debido a la amistad de Miguel Ángel y Víctor Hugo Rascón, éste, hijo predilecto de Uruachi, talentoso dramaturgo y Presidente de la Sociedad General de Escritores Mexicanos (SOGEM), pronto surgió la idea de escribir el caso de Rita.

Fue entonces Rascón Banda, quien hizo un guión al que tituló “La Mujer que Cayó del Cielo”, para teatro, con el drama de Rita. Víctor Hugo, también abogado, cuenta la historia de Rita Patiño Quintero, de cómo ella fue víctima de la ignorancia cultural y lingüística y del abuso racista norteamericano.

Casi a la par con el trabajo del dramaturgo chihuahuense, esa vivencia se comenzó el montaje en una obra teatral sobria, profesional, elocuente, con un profundo mensaje humanitario, étnico y social. Allá mismo en la Unión Americana, la producción escénica fue hecha en principio, por Washburn University.

Después, Miguel Ángel y Rosario Giner Rey y el propio Rascón Banda, promovieron el estreno de «La Mujer Que Cayó del Cielo» en la Ciudad de México.

Revisando cada línea con Giner Rey, un escritor norteamericano de Kansas (Prece), se interesó, adaptó el guión de Víctor Hugo Rascón, mismo que fue escrito originalmente en español, luego se tradujo al español y rarámuri.

El reseñador Prece añadió más inglés al texto, a fin de presentar a «La Mujer que Cayó del Cielo» de una manera más accesible para una audiencia que sólo habla ese idioma.

El escritor Prece dijo en ese momento, que él no creía que Washburn University hubiera producido jamás un drama escrito por un dramaturgo hispano o por uno con diálogos en español. «El hecho de que la historia aconteció en Kansas, hizo que la producción fuera más atrayente», añadió en su momento. En el año 2007, Miguel Ángel Giner Rey murió, dejándonos un valioso legado de humanidad y amor por los semejantes, especialmente hacia los más desfavorecidos.




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