Regionales

Dieron delicienses último adiós al profesor Macario Guillén

2018-10-29 - Redacción

En el último adiós al profesor José Macario Guillén Rosales, su hijo Mario Guillén Porras, deshecho, con lágrimas en los ojos y palabras entrecortadas dijo en un emotivo mensaje en la iglesia del Santuario de Nuestra Señora de Guadalupe que se fue su padre, dejó este mundo terrenal, pero se quedan en él sus enseñanzas y las de su madre Lupita Porras, también fallecida recientemente, pues los legados de los padres son lo mejor y la mejor herencia que se pueda tener.


Tras el mensaje los aplausos no se hicieron esperar por parte de la concurrencia, mientras Mario se abrazaba con los oficiantes de la misa, en un abrazo sincero y lleno de cariño, ya que Mario siempre ha participado en los coros de la iglesia.

El templo lució lleno de tantos y tantos exalumnos del profesor (no le gustaba que le dijeran maestro), donde lo mismo había políticos, ex presidentes municipales, gente del pueblo y de familias reconocidas. Había de todos los estratos sociales acompañando la misa de cuerpo presente.

El cuerpo inerte del profesor, que fue toda una institución en la Secundaria Federal “Leyes de Reforma”, permanecía en el ataúd de madera, para recibir el servicio religioso y las oraciones de parte de amigos, familiares y gente que le conocía, quienes llenaron el templo en lo que fue el último adiós.

Afuera del templo esperaban pacientes dos perros (padre e hijo) de la raza Husky siberiano que bebían agua amarrados con cadenas por un joven que la hacía de su cuidador.

Tras finalizar la misa, en donde se resaltó el legado del profesor a tantas generaciones de delicienses se despidió con aplausos.

Afuera una carroza negra le esperaba para ser trasladado al panteón Jardines de Fátima, lugar de su última morada.

Aplausos se dejaron escuchar al paso del profesor originario de Boquilla de Conchos, donde nació hace 87 años, pero que casi toda su vida vivió en Delicias.

Su hijo Mario y los empleados de la funeraria cargaban el ataúd. Una valla se formó a la salida de la iglesia, mientras los perros casi hablaban: estaban tristes por la partida de su querido amo, ya que se rompía de tajo el lazo que unía a los animales y al profesor, pues los canes acompañaron a Guillén Rosales hasta su último minuto de vida en este mundo y le servían de compañía tras la partida de su querida esposa Lupita Porras.

Llantos, ojos llorosos al depositar el ataúd en la carroza se vieron a la salida de la iglesia, mientras  familiares, amigos, exalumnos, vecinos y conocidos esperaban al único hijo del profesor, Mario, para darle el sentido pésame.

La carroza negra mientras tanto fue seguida del cortejo fúnebre de vehículos hasta el panteón, donde hubo escenas tristes y desgarradoras. El profesor se ha ido, la clase terminó, pero se queda el gran legado. DEP.


 

Por Jesús C. Aguirre Maldonado (Texto y Fotos)




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