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Domingo, 26 de marzo del 2017
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Internacionales

Indígenas aprenden a defenderse

2017-01-09 - Redacción


De Alaska a la Patagonia, muchos de los países del continente, y en especial de América Latina, enfrentan una creciente situación de conflictos por problemas socioambientales que, sin embargo, representan también una oportunidad de cambio en el enfoque al desarrollo económico.



Excelsior


En los países latinoamericanos la situación ha llevado a que grupos empresariales, académicos e indígenas hayan coincidido recientemente en lo que definieron como “necesidad de reforzar los procesos de resolución de conflictos dentro de una cultura basada en el diálogo y la búsqueda de consensos para el beneficio común”.

Para Marianela Curi, directora ejecutiva de la Fundación Futuro Latinoamericano, y Mara Hernández, coordinadora de ProDiálogo, del Centro de Investigación y Desarrollo Económico (CIDE), es una oportunidad que debe aprovecharse.

Es tal vez el momento. Los conflictos por el uso de tierras indígenas son ancestrales, pero no es sino hasta hace pocos años que las sociedades, las culturas y los mecanismos políticos han comenzado a respetar y a buscar la manera de vincularse mejor con grupos hasta ahora marginados.

Durante una conversación con Excélsior, Curi y Hernández advirtieron que el tema de los reclamos indígenas por la explotación económica de sus tierras tradicionales será un tema presente por muchos años en la región.

Para especialistas que se reunieron en México hace una semanas, “la ejecución de proyectos de desarrollo que impliquen el uso sustentable de recursos naturales o el cambio en la tenencia de la tierra, ha generado más de un desacuerdo entre las partes involucradas, conflictos que requieren nuevas formas de resolución más allá del enfrentamiento”.

La realidad es que, por lo pronto, esos problemas se reflejan en confrontaciones como la de Chiapas, donde las comunidades indígenas zoques se declararon en contra de actividades de exploración y explotación mineral y petrolera, o en Dakota del Norte, donde la tribu sioux batalla contra un oleoducto.

Pero el problema bien podría presentarse en las tierras indígenas de la Amazonia ecuatoriana o brasileña, en regiones de Colombia o en las zonas indígenas de Guatemala.

Se trata de comunidades que en algunos casos con una nueva conciencia de su poder y sus derechos, o en otros con una larga práctica, demandan no sólo respeto a su medio ambiente y a sus sitios sagrados, sino el reconocimiento de la sociedad en que viven y mayor participación en las decisiones que
las afectan.

Los problemas en México y Estados Unidos no son únicos. Se dan también en países como Bolivia, Venezuela, Ecuador o Perú, dijeron Curi y Hernández.

De acuerdo con las especialistas, la mayor parte de los países de la región será escenario de numerosos y frecuentes litigios y problemas sociales derivados de las demandas de respeto a los derechos de grupos sociales que, como los indígenas, han sido históricamente
marginados.

De la violación de tierras sagradas de los mapuches en el cono sur a la invasión de tierras tribales en Estados Unidos, Curi y Hernández, colombiana y mexicana respectivamente, consideraron como preocupante el que haya una tendencia al “diálogo de sordos”, una en la que cada parte trata de imponer su punto de vista al otro.

Para ellas, en la región han surgido dos enfoques: el diálogo y la defensa de derechos por un lado, y paralelamente la confrontación, algo que sólo podría resolverse a partir de un enfoque efectivo que equilibre el poder entre las partes involucradas en los conflictos.

Pero es lo que consideraron como una oportunidad para buscar alternativas de desarrollo más inclusivas en las que la sociedad completa tenga participación.

El punto de partida, como dice Curi, directora ejecutiva de la Fundación Futuro Latinoamericano, es la convicción de que “la verdad no está en nosotros, sino entre nosotros”.

Para ellas, parte de la solución a la complicada problemática dejada por cientos de años de explotación o marginación está en la mayor participación de grupos sociales, y sobre todo en la continua construcción de puentes y de confianza entre las diversas partes de los diálogos de desarrollo.

Canadá y Estados Unidos, con todos sus problemas, son ejemplos útiles. Muchos problemas se resuelven con respeto a las sensibilidades y necesidades de los indigenas, aún cuando a veces como ahora en Dakota del Norte– haya incidentes violentos.

Pero en América Latina  el trabajo es complicado por siglos de desconfianza, la convicción de que “la otra parte” sólo quiere el propio beneficio, el discurso que puede delinear metas elevadas, pero tiene una ejecución pedestre –desde México, donde se festeja la herencia indígena hasta los países “bolivarianos” donde, se habla de “la madre tierra”– y la presencia de grupos criminales.

Pero en unos y otros, a final de cuentas, se explotan sin misericordia los recursos naturales.

De hecho, algunas escuelas universitarias de la región han comenzado a ofrecer cursos sobre resolución de conflictos. Y a decir de Curi y Hernández, es una carrera con futuro.




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