Salud

¿Cómo enseñar a los niños a meditar?

2018-02-13 - Redacción


¡Aceptémoslo! El mundo de hoy no es el lugar perfecto para criar a un niño. Teléfonos sonando, pantallas encendidas, las bocinas de los carros y cualquier cosa que se te venga a la mente. Un montón de estímulos nos atacan constantemente, y al final es nuestro cerebro el que termina pagando los platos rotos.


 
Todos aquellos que pertenecen a la generación de los Millennials nacieron en un mundo donde priorizan la productividad y la carrera profesional en lugar de desarrollar el sentido del “yo” y el espacio que les corresponde en el mundo. Lamentablemente, las consecuencias pueden ser catastróficas: falta de concentración y creatividad, falta de memoria, y en última instancia, depresión.
Por fortuna, existe una maravillosa manera de combatir esto: la meditación. Las personas que meditan constantemente son más felices y exitosas que quienes no lo hacen. Y una vez que aprendas cómo hacerlo, no necesitarás más nada. Pero si ya lo has intentado sabes que puede ser bastante difícil al principio.
Según la ciencia, los cerebros más jóvenes crean conexiones neurales mucho más nuevas que los cerebros más viejos. Es por eso que es crucial enseñar a los niños a meditar mientras sus cerebros sean maleables. 
No importa si no eres un experto de la meditación, con este artículo podrás enseñar a tu niño en casa. ¡Toma nota!
Medita
Los niños aprenden por imitación. Si tú mismo no meditas, ¿cómo esperas que tu hijo confíe cuando le dices que es bueno para él? En vez de explicarle lo que es la meditación, deja que la experimente siguiendo tu ejemplo. Así sentirá curiosidad y hará preguntas. 
Al final, practicar meditación será algo tan natural para ellos como comer o tomar un baño, en vez de una imposición arbitraria que más tarde ellos puedan resentir. Eventualmente, el niño asociará la experiencia de meditar con pasar un rato relajante con sus padres.
Enfócate en la respiración
La meditación nació como una práctica espiritual y religiosa en el Lejano Oriente. Su terminología deriva de los conceptos antiguos de la espiritualidad de la India, algo extremadamente complejo de entender que al final lo único que causa es desanimar a los principiantes.
Sin embargo, no existe nada religioso en la meditación pues al final se trata de ti y de tu mente. Es muy simple y deberías mantenerlo así cuando le enseñes a tu hijo. No le hables de chacras, flores de loto y los dogmas de la práctica: enfócate solo en la respiración. 
Pon sus manos en su abdomen o pecho y dile que se concentre en la manera en que sube y baja con la respiración. Si dominas esto, habrás creado las bases sólidas de una educación mindfulness. 
No sea estricto
La meditación es disciplina pero si te muestras un poco estricto, será como dispararte directamente en el pie. La meditación se trata de relajación, y si te frustras con tu hijo crearás un ambiente estresante y terminarás lastimando al niño más que ayudándolo.
Si tu hijo rechaza algún aspecto de la forma en que quieres que practique la meditación, deja que se salga con la suya. Quizás prefiere acostarse en vez de permanecer sentado, o tal vez no quiera cerrar los ojos. Si quiere aplicar su propio estilo está bien, pues esto no es importante.
Primero bríndale un ambiente cómodo y positivo, luego comienza a trabajar en los detalles. 
Sé parte de la comunidad
Como en todas las prácticas, la meditación prospera con la socialización. No solo practiques por tu cuenta. Sé un miembro activo de la comunidad del mindfulness e integra a tu hijo a formar parte de ella también. Recuerda que la meditación no existe en el vacío, sino que se trata de estar conectado con el mundo exterior. ¡No lo olvides!
Busca ayuda
Si tienes niños más grandes o estás teniendo problemas con las lecciones, puede que quieras considerar un poco de ayuda extra. Puedes buscar un instructor, pero desde ya te digo que pueden ser algo costosos, y tú lo único que quieres es darle más estructura a las clases.
Entonces busca un libro, información en internet o habla con otros padres que practican la meditación. Intercambia experiencias, pues tanto tú como tu hijo lo que necesitan es aprender. 
¿Estás lista para enseñarle a tu hijo la manera de tener una mejor vida? ¡Vamos que sí!



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