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Sábado, 21 de octubre del 2017
A Dios sea la gloria.

Sergio Armando Castillo

Medios y publicidad transparentes ad-hoc

2016-12-06 - Sergio Armando Castillo

La relación de los medios de comunicación con los Gobiernos, en cuanto a la publicidad contratada siempre ha sido opaca y por lo tanto se ha llenado de versiones sobre la forma en que el poder controla a los medios, los premia o los castiga, les dicta la línea editorial y lo que pueden y no pueden publicar.


 

Por eso la decisión del gobernador Javier Corral que operó su Jefe de Comunicación Social y vocero, Antonio Pinedo, para transparentar los contratos establecidos por la administración de César Duarte con los medios en el sexenio pasado, resulta un sano ejercicio que ojalá se institucionalice para que no quede al arbitrio del mandatario en turno ventilar o esconder la información de lo que gasta el gobierno en publicitarse.

 

En los listados que son públicos en internet aparecen tanto medios de comunicación serios que, como negocios que son, tienen relación comercial con el Gobierno del Estado; así como empresas creadas de la nada junto con el sexenio, que recibieron cantidades de recursos públicos sin siquiera prestar el servicio que dicen ofrecer, así como contratos con familiares de periodistas, que siguen con la cabeza agachada y en silencio sepulcral sobre el asunto.

 

 Pero también hay algunas imprecisiones, como reportes de convenios que no fueron pagados o erogaciones que se hicieron sin el correspondiente servicio, que falta precisar en los reportes que aparecen en www.amanecechihuahua.gob.mx.

 

Lo esencial  del tema está en distinguir y diferenciar la inversión legítima del acuerdo bajo la mesa; el gasto publicitario legal, del “embute” o dinero fácil e injustificado a periodistas; el uso del recurso público con un fin legítimo, parte de una estrategia de Gobierno, del uso del erario para premiar a amigos,  lo que ya debe tener bastante claro el gobernador Javier Corral y su gente, al tomar una decisión que seguramente le acarreará, indebidamente, enemigos ante la falta de inversión publicitaria.

 

En el medio abundan “empresas” que nacieron y crecieron con Duarte, hay ejemplos de “medios” que jamás publicaron noticias más allá de los boletines del gobierno, otros que hasta se diversificaron y aparte de vender su espacio a la administración estatal, se convirtieron en proveedores de facturas por servicios no prestados y sí pagados, lo que fue la gran perversión de los medios de comunicación, tanto en su aspecto social como en el empresarial.

Hasta cierto punto, la contratación de medios, tanto impresos, electrónicos, como digitales y algunos otros, es un derecho y alternativa válida para los gobiernos, y una opción que como empresas o negocios – que lo son finalmente-, tienen las compañías de comunicación para subsistir. El problema está en el despilfarro y lo exorbitante de esos “convenios” bipartitos  que francamente ofenden.

O lo que es peor, la vergüenza que significan los contratos que el Ejecutivo y otros poderes y dependencias, realizan con “periodistas” en lo particular, y cuyos primeros nombres y apellidos ya están en la palestra:

Valenzuela Rojas, Ruíz Sánchez, Porras Loya, Méndez Velázquez, Gallegos Espinoza, Aguilar Champo, Medina Montelongo, Quevedo Licona, Barrientos Márquez, Salcido Moreno, Coria Rivas, Tirado Cruz, López Aguirre, Muñoz Muñoz, Guevara Félix, Gracia Sarabia, Herrera Hernández, Villalobos.

Más otra cantidad similar que bajo el esquema de portales de noticias en internet, o pequeños segmentos de radio o Tv, han sido beneficiados con sumas millonarias y oprobiosas, (al margen de los que se signaron con las empresas periodísticas e informativas formales, en el gobierno anterior), y que fueron exhibidas por la administración “corralista”.

Más otros tantos que muy “aguzadillos”, utilizaron a familiares consanguíneos en primer grado o amigos cercanos, para firmar los citados convenios “publicitarios”, entre otros un encumbrado comisionado de Transparencia estatal, que no conforme con su jugoso salario en el órgano garante donde cobra, también estaba recibiendo recursos para su página de noticias, a través de prestanombres, etc.

 

Esto último, los “acuerdos” personales que como “reporteros” se hicieron en corto, llama aún más al cinismo, mediocridad y entreguismo de algunos que se dicen periodistas o comunicadores leales a la profesión, y honestos, pero que en realidad se prostituyen y desacreditan esta noble actividad, por dinero mal habido, a cambio de zalamerías y adulaciones a los del poder.

Desde hace algunos años, cuando los periodistas comenzamos a asociarnos y posteriormente colegiarnos, hablábamos del rescate y dignificación real del periodismo de quienes los ejercemos. Y sí, trabajar con gobiernos y particulares la publicidad necesaria para un medio de información, pero bajo reglas muy claras y transparentes.

En lo particular asenté que cualquier medio – hoy se habla de colectivos, colegiados o grupos de comunicadores integrados a medios específicos o especializados- puede y debe vender espacios publicitarios al gobierno y aun a los partidos y políticos, para que publiquen lo que así decidan en esos contenidos contratados. Sin embargo, aduje que ello en ningún caso, jamás,  debería comprometer el pensamiento o criterio editorial y profesional del medio, ni ser éste o quienes lo manejen, sujetos de presión o soborno de ningún ente público y privado.

Hasta ahora, el actual gobierno, parece que tiene la intención de promover esa misma visión y filosofía para inaugurar una nueva era de la relación medios-poder, y que bueno que así sea y se cumpla.

Por lo demás, hay mucha polémica entre los informadores, sus empresas y el ámbito del periodismo y los periodistas, por la exhibición que hizo el gobierno de Javier Corral, de los contratos ofensivos vergonzosos de publicidad – por desorbitantes y exagerados- que sostuvieron periodistas en lo particular y por otro lado, algunas empresas informativas, con la administración del defenestrado César Duarte y su gobierno.

Y como dice coloquialmente el pueblo sabio en su propio argot: “el que sea perro con rabia, que lo ahorquen”, y los que no, pues no, “como los marranos de Peña Blanca”.




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