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Miércoles, 24 de mayo del 2017
A Dios sea la gloria.

Samuel Ochoa

Las nuevas crónicas del ciudadano regular XLVII

2017-02-28 - Samuel Ochoa

Desde hace mucho tiempo y con la única intención de prever posibles resultados, para tomar medidas en consecuencia, fue que se crearon las famosas encuestas, esos instrumentos de consulta pública con los cuales se crean estadísticas y miden posibles escenarios para cualquier cosa, ya sea desde la inserción de un nuevo producto al mercado, el agrado por algún tema en particular, así como las preferencias sobre un candidato u otro al momento de las elecciones, siendo este último punto en el que más se usan.


Lo curioso del caso es que hoy en día estas han perdido mucha credibilidad, todo por una simple razón, la muestra ya no es suficiente.

Pero no lo creíamos, todavía muchos hace un año y tal vez dos no lográbamos captar como los resultados variaban tanto de lo que se vaticinaba no en una, sino en muchas encuestas diferentes, específicamente hablando de las elecciones, pero todo se debía a que el estudio no fue preciso porque nunca se tuvo un análisis real, además de que las mismas sirven a veces para que la gente cambie de parecer y le dé vuelta al destino de las cosas, porque a fin de cuentas ese es su poder.

Sin embargo no solo sucede con los políticos, de hecho se vuelve complicado poder confiar en ellas porque muchas veces son manipulables, intervenidas por el contexto del momento y lo que pudo ocurrir un día, que no sucedió al siguiente.

Un ejemplo muy claro me ocurrió en el bachillerato, con un grupo de compañeros con los cuales desarrollábamos un proyecto de mercadotecnia, para la clase del mismo nombre, obvio.

Pues resulta que nuestra idea era vender algo que les gustara a todos, comida, pero con un toque distinto para poder ser la diferencia y tener la ventaja sobre nuestra competencia, así que lo más lógico y como lo dice el manual de la clase, había que hacer encuestas para ver a qué le teníamos qué apostar.

Naturalmente que a un equipo de 6 personas le resultaría muy complicado preguntar a los más de mil estudiantes (solo del turno matutino) que serían nuestros clientes potenciales, así que decidimos tomar una muestra significativa para que el margen fuera más o menos exacto; un grupo de cada grado, es decir 150 encuestas aplicadas a jóvenes de entre 15 y 20 años (porque nunca falta el rezagado de la clase) para poder definir colores, sabores y diseños.

La encuesta salió bien, encontramos los favoritos de los que ofrecíamos y más o menos hicimos la planeación para que el día de la venta pudiéramos tener el producto acorde a la demanda que se estimaba, y así un éxito financiero por el “gran trabajo” de campo que veníamos realizando.

Pero hubo un factor que no consideramos, dentro de cada grupo está la totalidad de alumnos, muchos de ellos ni siquiera son amigos entre sí y tampoco hay garantía de que les guste comer en la escuela. Es más, quizá al 70% de los encuestados no les interesa comprar alimentos, mucho menos bebidas, a la hora del receso, así que el instrumento estaba mal desde ese momento.

Obviamente que el día de la feria las cosas fueron más complicadas, y si bien vendimos casi todo lo que trajimos, nos dimos cuenta al final de que los favoritos no lo eran, y los que creímos que se venderían menos pues en realidad fueron los más solicitados, así que nos topamos con que se terminaron unos ingredientes mientras otros sobraban, entre otros tantos problemas que nos causaron un día de locos. Lo obvio, nos quedó mucha merma de cosas que no usamos para nuestros productos, pero al menos la lección quedó aprendida.

Lo correcto hubiera sido preguntar a la hora del receso, buscando gente que comprara comida y que no se cerraran a los sabores nuevos, hacer una preventa exhaustiva y que la apuesta hubiera sido segura, pero ya queda eso solo para la experiencia.

En el caso de las elecciones en la política es lo mismo, los estudios son inmensos y se da por adelantado que toda la gente habrá de votar. Se elige una muestra aleatoria en donde las personas no tienen ningún empacho en mostrar preferencia por uno o por otro, aun cuando saben desde el inicio que quizá no se tomen la molestia de acudir a las urnas el día de los comicios, pero igual a la estadística ya aportaron su datito y al final se infló un resultado que en la realidad nunca iba a suceder.

¿Quieren saber por qué falló la Coca Cola Vainilla, las hamburguesas sabor Teriyaki o los reality shows copia de los europeos? Exacto, la muestra fue incorrecta.

No se diga de internet, en donde todo es mucho más manipulable de lo que uno se puede imaginar. Justamente en la elección pasada me topé con un candidato que estaba muy emocionado porque en nuestro portal aparecía en primer lugar, aunque la mala noticia para él es que cualquier persona que borrara su historial y caché de su ordenador o móvil podía volver a votar. Y sí, esos 50 mil votos eran reales, pero no había garantía de que no fueran de la misma persona que se tomó la molestia de votar 50 mil veces.

Es más, ni siquiera los instrumentos de INEGI hoy en día son tan precisos como para medir la situación real de lo que ocurre en el país o en los estados, lo cierto es que para saber exactamente lo que ocurre en la sociedad, es necesario mezclarse con ella y vivir de primera mano las necesidades que tienen, de otro modo será casi imposible. Pero eso parece que nunca lo van a entender y siempre estarán haciendo política de escritorio.

Mi consejo, no se crean todo lo que ven o lo que les dicen, porque muy fácil yo les puedo preguntar a 10 amigos que si qué prefieren, chocolate o vainilla, y si más de la mitad ya me dijo que un sabor, sin ningún problema puedo decir que “7 de cada 10 personas prefieren el chocolate”, a pesar de que no sea real.

Y no se trata de deslegitimizar las encuestas, al contrario, a final de cuentas nos sirven para muchas cosas, pero siempre tengan ese criterio de cuestionar lo que ven, de al menos ver la fuente y la muestra utilizada, de comparar, observar y medir conforme a la experiencia y conocimiento propio lo que se nos está demostrando como una realidad exacta.

Que no nos vean la cara, hoy en día tenemos muchísimas herramientas para descubrir la verdad, ya va siendo hora de que tomemos esa responsabilidad.

Gracias por su lectura, gracias por sus comentarios, los sigo leyendo en mi correo samuel.ochoa@elpueblo.com y en mi cuenta de Twitter en @rockydriller en donde recibo dudas, sugerencias o cualquier cosa que quieran decir.

Se despide el ciudadano regular. 




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