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Lunes, 23 de enero del 2017
A Dios sea la gloria.

Samuel Ochoa

Las nuevas crónicas del ciudadano regular XL

2016-12-19 - Samuel Ochoa

Me encanta el fin de año, las fiestas decembrinas, el ambiente y la tradición, todo eso me genera mucho gusto, excepto por el frío para los que vivimos en el hemisferio norte, y en especial como la gente se preocupa tanto por tener “fiestas perfectas”, en que se viva el verdadero “espíritu navideño”, a pesar de que todos saben que lo único que importa aquí son los regalos.


Así es, lo más importante de la navidad son sin duda alguna los regalos, y no espero que me lo tomen a mal o que me vean como el más materialista, pero creo que debemos entender ese concepto y la magnitud del mismo, así como todo lo que implica durante esta época.

En especial se puede ver con los niños del ayer, es decir muchos adultos jóvenes, que lo principal que recuerdan de esta fiesta son los regalos, no precisamente si fueron a casa de sus tíos, abuelos o si tenían un árbol blanco o verde.

Es decir, se puede regalar de todo y no únicamente cosas materiales, lo que para muchas personas puede significar más que dinero u objetos de valor monetario, cosas que hacen especiales estas fechas y que realmente le dan significado a la navidad.

Recuerdo hace 10 años una de las navidades que pasamos en mi otrora casa adoptiva, el municipio de Monclova en el estado de Coahuila, en donde la costumbre siempre ha sido hacer las más grandes reuniones posibles, invitando a todos los que fueran posibles a cualquiera de las casas de alguna de las abuelas principales, porque básicamente era esa generación de hermanos la que regía las condiciones de la época.

Lo que más recuerdan todos los que estuvimos en aquella fiesta, no fue la comida ni la cantidad de invitados, sino ver que por fin y después de muchos años, dos hermanos se volvían a hablar y convivían como en los viejos tiempos, olvidando rencillas que si bien eran graves, demostraban que eran capaces de superarlas. Esa noche se regaló perdón.

Dando un brinco más atrás, recuerdo que mi padre siempre encontró mayor estabilidad laboral en el vecino país del norte, por lo que era usual (hasta la fecha) que radicara allá casi todo el año, e incluso no siempre tenía oportunidad de venir.

Una noche de diciembre, muy cerca del 24 y sin previo aviso, llegó a casa cargando varias maletas, para poder pasar estas fiestas con nosotros, así como traernos varios regalos que había conseguido. Lo que más recuerdo yo de ese año no fue la ropa o los juguetes, sino que él pudo sestar ahí para nosotros. Esa ocasión nos regaló tiempo.

Un poco más reciente, un recuerdo no tan grato, la abuela de la señora de Regular tuvo complicaciones de salud importantes que finalmente acabaron con su vida. Si bien su familia siempre ha sido muy unida, el hecho de que esto hubiera ocurrido tan cerca de la navidad hizo a todos que revaloraran todo lo que tenían, que se hiciera un esfuerzo mayor por demostrar a las otras personas que también son importantes y que el cariño y amor se debe dar a diario, porque mañana quizá sea demasiado tarde. Esa navidad se regaló mucha conciencia y empatía.

Un regalo puede ir disfrazado de muchas cosas, pero su significado es mayor a lo que podemos pensar. Como ese pequeño niño que logró tener ese juguete que tanto deseaba, pensando quizá en Santa Claus, pero a sabiendas después de que en realidad implicó un esfuerzo adicional de parte de sus padres para poder conseguirle lo que quería, y eso no es un simple regalo material, sino una muestra muy grande de amor y aprecio.

Se puede regalar de todo en estas fechas, son tiempos que de hecho hacen que muchos saquemos lo mejor de nosotros y sintamos esa necesidad de ser distintos, de estar dispuestos a dar más de lo que queremos recibir y que por ello hacen tan especiales estas fechas.

En el futuro es lo que todos van a recordar, ya lo demás es un beneficio adicional de lo que las tradiciones nos obligan a celebrar, pero lo importante de estas fechas es que de verdad las podamos disfrutar, ya sea solo o con familia y amigos, pensemos en qué queremos regalar a los demás o a uno mismo.

Si pueden regalar cosas materiales, adelante, pero si no es así, preocúpense por regalar tiempo, regalar amor, regalar perdón y compasión, regalar alegría, regalar empatía, regalar mucho afecto y regalar también un poco de sensibilidad, para ser capaces de recibir esos mismos regalos.

Hasta aquí mi mensaje, les agradezco mucho su atención y les invito a que pasen las mejores fiestas decembrinas, ya que no necesitas tener una religión o ideología para disfrutar ese “invento comercial del capitalismo”, como he escuchado a algunas personas mencionar, en sí el final del año siempre será momento de reflexión y agradecimiento, total que si seguimos aquí es por alguna razón, ¿no?

Se despide otra vez, el ciudadano regular. 




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