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Viernes, 24 de febrero del 2017
A Dios sea la gloria.

Samuel Ochoa

Las nuevas crónicas del ciudadano regular XXXIX

2016-11-14 - Samuel Ochoa

Como ciudadano de un país con un modelo capitalista, debo reconocer que es la única forma que conozco de primera mano y que me ha funcionado muy bien, aunque he visto y leído también acerca de otros sistemas, pero si me dieran a elegir creo que conservaría este, solo por comodidad.


Pero no es porque no piense en mejorar o que sea una persona egoísta, tal vez un poco, pero básicamente considero que eso va mucho más allá, en una cuestión cultural tan arraigada que sería difícil transitar a algo como el socialismo, ya no digamos hacerlo funcionar.

El comentario va en el sentido de una discusión que tuve con un compañero de trabajo hace unos días, quien se dice socialista por convicción pero capitalista por necesidad, con el cual hablaba acerca de lo que implica tener empresas trasnacionales en el mercado local, y si eso es bueno o malo para el país.

No entraré en mucho detalle de si el dinero va o viene, pues para nadie es desconocido que la mayoría de las marcas extranjeras deben pagar impuestos para poder ser comercializadas aquí, adicional a que se venden en una distribuidora nacional que ya le pagó a un proveedor o directamente a la marca para poder vender dicho producto, lo que hace que la mayor parte del dinero que un cliente gastó para adquirirlo se quede aquí.

Llámese refresco, aparato electrónico o lo que sea, muchas de las empresas que las hacen ya no exportan a México, sino que instalaron una sucursal en nuestro país que se ha dedicado a esta tarea de distribución y posicionamiento de la marca. Desconozco cuánto pagan a la sede real, en cualquiera que sea su país de origen, pero insisto en que la mayor parte del dinero que se gasta para ello no sale de nuestra nación.

Sin embargo no negaré que sería mucho más beneficioso que fuera nuestra propia economía local impulsada por su misma gente la que estuviera creciendo, y no recibiendo a otras marcas del mundo, aunque es parte de la misma globalización. Pero tener esas empresas aquí no es malo, al contrario, estimulan ese desarrollo económico y generan oportunidades a la gente, con empleos, relaciones comerciales y posibilidad de crecimiento.

Recuerdo yo hace ya una década haber laborado para una cadena de comida rápida muy popular en el mundo, la cual nació en el vecino país del norte y que para un joven menor de edad la verdad ofrecía condiciones muy buenas de empleo, cosa que difícilmente encontraba en otros negocios del mismo giro pero de un entorno local.

Quiero decir, ese empleo me pagaba seguro médico, prestaciones básicas y hasta uniforme y servicio de comedor, en tanto que si hubiera buscado en cualquier otro restaurant del mismo giro, a lo mucho que hubiera aspirado es a poderme llevar comida de la que se queda, porque ellos no pagan impuestos, solo el permiso de salubridad y el suelo donde se colocan.

¿Pero por qué no tenemos en México entonces ese tipo de cadenas? Con esas condiciones y esa posibilidad de competencia. Es algo cultural, somos menos emprendedores que en el resto del mundo y tristemente está probado que la gente aquí prefiere hacerse de una franquicia, antes de emprender su propio negocio.

¿Por qué no sucedió antes? Quizá así tendríamos el mismo número de marcas posicionadas y podríamos cerrar nuestro mercado interno. Volvemos a la cuestión cultural, desconozco a ciencia cierta lo que provocó que la gente no pensara a futuro, pero hay que aceptar que mientras nosotros peleábamos porque nos dejaran de imponer las “tiendas de raya” y nos dieran derechos laborales, en otros países se construían esos pequeños imperios, que hoy en día son las marcas más vendidas en el mundo y que difícilmente no se comercializan en cualquier tienda.

Es así que si un día desaparecieran todas esas franquicias y empresas, habría poca posibilidad de que fueran sustituidas por otras empresas locales del mismo giro, para que no se notara su ausencia, lo que a su vez llevaría a una crisis en el desarrollo económico y una desaceleración importante, por la enorme cantidad de impuestos que se dejarían de pagar, sin mencionar los empleos que se perderían de cada sucursal que tendría que cerrar.

¿Qué si hay que comprar con el código 750? Absolutamente, pero no se asusten si ven una marca internacional en un aparador en la tienda de la esquina, esos también llevan el código local porque a fin de cuentas fueron elaborados en nuestro país, con todas las de la ley y dejando todo el beneficio aquí.

No tengamos miedo pues de la globalización, pero sí busquemos ante todo impulsar lo local, porque a fin de cuentas es nuestro país el que se beneficia de tener empresas exitosas, y apelemos a un buen sentido para que los recursos no se pierdan en medio de la tan lastimosa corrupción, que también es de arraigo cultural en nuestro país.

Simple opinión, muy personal, reitero.

Gracias por su lectura, sus comentarios y sus dudas, que sigo recibiendo en mi cuenta @rockydriller y en mi correo electrónico samuel.ochoa@elpueblo.com

Se despide el ciudadano regular 




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