Valores: libertad, justicia, honestidad y transparencia.
Domingo, 24 de septiembre del 2017
A Dios sea la gloria.

Sergio Armando Castillo

La generación “perdida” y feliz…

2017-08-07 - Sergio Armando Castillo

<>


 

Todos aquellos que nacimos entre los años 1960 al 1979 estamos siendo protagonistas y a veces actores de algo que nuestros progenitores no podrían ni soñar.

Fuimos testigos muy especiales, por ser los primeros, de un cambio muy profundo en las tecnologías que dieron lugar a esta vida moderna. Vemos ahora como la casa que compraron nuestros padres hoy vale 20 o 30 veces más.

Somos la última generación que aprendimos a jugar en la calle y en los recreos del colegio a las canicas, a los quemados, a las escondidas, al resorte, al avioncito, al Amo-a-to, al Stop...

Pero además somos la primera generación que jugó con videojuegos, con aquel PAC-MAN y los Ataris. Atestiguamos también la última generación que escucho las novelas y los programas en el radio de nuestros abuelos y nos tocó también un día de campo con nuestra familia donde la comida se servía sobre un mantel en el pasto.

Fuimos los últimos en escuchar música en los discos de acetato. Aquellos pequeños de 45 Reproducciones por minuto y los grandes LP de 33 Reproducciones por minuto.

Y... comenzamos por primera vez a grabar nuestra propia música en casettes y pudimos ver también por primera vez (las veces que queríamos) las películas en vídeo versión BETA y después VHS, también somos los orgullosos pioneros del walkman, y los CD's.

Se nos ha etiquetado de GENERACION X lo cual suena despectivo... alguien con poco respeto por el pasado decidió con este adjetivo que valíamos tal vez muy poco. Pero eso comparados con qué?

Vivimos la época dorada de la Televisión las primeras caricaturas a color. Tuvimos que “chutarnos” Salvado por la Campana (con todo y Screech), Beverly Hills 90210 (lo máximo en su momento; repásalas  ahora, y me platicas)

Lloramos con Mundo de Juguete, Heidi, El abuelo y yo, y nos moríamos si no llegábamos a ver La Familia Partridge, Meteoro, Astroboy, El Gran Chaparral, Perdidos en el Espacio, el Crucero del Amor, Chespirito, La Criada bien Criada, Ensalada de Locos, Corre GC corre, el tío Gamboin, y tantos otros.

La hora de ir a dormir la marcó para muchos “La Familia Telerín”, por ejemplo.

Nosotros aprendimos de golpe lo que es el terrorismo siendo mayores, un 11 de septiembre de 2001, con la caída de las torres gemelas, provocadas o no. Pero de jóvenes vimos la justicia mundial al caer el muro de Berlín a finales de los años 90.

Aprendimos a utilizar las computadoras que a nuestros padres y abuelos nunca les tocó, y sobre todo, antes que esos niños cerebritos de hoy en día que ven con desprecio a sus mayores. Nosotros nunca estimamos que los que no sabían usar esos equipos como una especie de "retardados desesperantes", lo que sí sucede hoy.

Vimos los milagros de las primeras calculadoras manuales, de las PC's con las primeras pantallas de cinescopio enormes. Conocimos por primera vez, y con asombro, los primeros celulares que parecían ladrillos (por su tamaño y por su peso) y creímos en sus inicios, que Internet sería el principio del mundo libre.

Somos la Generación de Cachirulo, Ultraman, Don Gato, Gi & Joe, Los Picapiedra, La Familia Monster, Tom y Jerry, los Locos Adams, los Beverly Ricos y la Isla de Gilligan. O del correcaminos, Mi Oso y Yo,  Combate, Bonanza, La Pantera Rosa, Los Supersónicos, El pájaro Loco, Candi Candi, Sandy Bell.

Crecimos escuchando a The Beatles, Los Rolling, Los Creedence, The Who, Led Zeppelin, Los Carpenters, Los Jackson Five y Guns N' Roses, y después en español a Soda Estereo, a Mecano, Flans y los Hombres G y a aquellos de Locomía con sus abanicos.

En la música grupera, muchos podrían identificarse con los Bukis (cuando Marco Antonio Solís era humilde y sencillo no un patán elitista como ahora), Los Temerarios y los eternos Tigres del Norte.

Pertenecemos a la última generación de las botellas de refresco de a litro, de la Coca-Cola familiar, los que levantábamos las tortillas o el pan del suelo cuando se nos caía, y luego lo poníamos en la mesa a la hora de la comida, como si nada, con miedo, pena y todo, pero sin decir nada. Hoy ningún niño en su sano juicio lo haría, pensaría que tiene mil bacterias.

¡La verdad es que no sé cómo hemos sobrevivido a esa nuestra infancia!!

Si miramos atrás, es difícil creer que estemos vivos: Viajábamos en autos sin cinturones de seguridad, los bebés y los niños sin sillitas especiales y sobrevivimos a los choques sin Air-Bag. Hacíamos viajes en carretera de 10 a 12 horas y no sufríamos ni exigíamos parar cada hora porque no aguantamos.

No tuvimos puertas con protecciones para niños ni frascos de medicinas con tapa a prueba de infantes.

Andábamos en bicicleta, patinetas o patines sin casco, ni protectores para rodillas y codos... Los columpios eran de metal y la resbaladilla con esquinas de puntas oxidadas.

¡No había celulares!... Íbamos a clase cargados de libros y cuadernos (y nuestra torta de huevo o sándwiches incluidas), todo metido en una mochila de cuero o un bolsón que rara vez tenía refuerzo para los hombros y mucho menos, rueditas como hoy.

Cuántas veces no recogimos del suelo nuestros útiles y los lonches al romperse la mochila, y no pasaba nada.

Comíamos dulces, gansitos, las paletas de “esponja”, motitas y tomábamos boing", pero no éramos obesos. Si acaso alguno era medio gordo y punto.

Compartimos las botellas de bebidas con nuestros amigos y nadie se contagió de nada, excepto de los piojos, cosa que se solucionaba lavándose la cabeza con vinagre caliente. Rezábamos para contagiarnos de gripa, varicela o sarampión de nuestro mejor amigo, para disfrutar de no ir ala escuela, esos días eran como "vacaciones" en casa.

No tuvimos PlayStation, no había 999 canales de televisión, pantallas planas, sonido surround, mp3s, Ipods, computadoras ni Internet, pero nos la pasábamos de lo lindo tirándonos globos con agua, o jugando “fut” en plena calle, o a los vaqueros, y las niñas a las muñecas y el hornito mágico.

Jamás escuchamos en esos tiempos sobre el calentamiento global, de los circos sin animales o la prohibición de las corridas de toros.

 

Ligábamos jugando a la botella o a "verdad o castigo", no en un chat escondido y peligroso del Facebook o del whatsapp.

No era necesario tener foto blog, Hi5 o MySpace, Tablets oTwitter, Facebook o Instagram, para saber si existíamos. Bastaba con chiflar la tonada de la pandilla o gritar como Tarzán para que toda la cuadra saliera de sus casas.

No nos catalogábamos en esas épocas como dark's, otakus, skatos, “trans”, “Bi”, Emos, o esas cosas.

Éramos el güero, la china, el gordo, el chaparro, la flaca, el loco, la pecosa, el negro y nada más, pero todos pertenecíamos al mismo grupo.

Nos hacíamos responsables (a la fuerza) de nuestras acciones y no las evadíamos tan fácilmente como hoy. Cargábamos con las consecuencias, no había nadie más para resolver eso.

Tuvimos libertad, fracasos, éxito y responsabilidad, y aprendimos a crecer con todo ello. Todo por esa sonrisa que seguramente tienes en la cara al repasar esto.

En suma, tuvimos la suerte de crecer como niños verdaderos. Recordemos lo bueno de la vida, lo fácil que es ser felices, la grandeza de lo sencillo, aún hoy en días de la nefasta globalización tecnológica, es posible hacerlo.

No necesitamos todas esas etiquetas, todas esas superficialidades, cosas, celulares, ropa y zapatos "de marca". Recordemos a los que nos siguen en casa, familia, en la escuela y en nuestra ciudad, cómo ser niños, pero sobre todo, cómo ser de nuevo felices.




Comenta con tu cuenta de Facebook