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Sábado, 21 de octubre del 2017
A Dios sea la gloria.

Sergio Armando Castillo

El filósofo activista que nos marcó...

2016-12-13 - Sergio Armando Castillo

Los escolapios de la Secundaria Federal # 3 y los de la Estatal #11 nos encontrábamos al medio día del 8 de diciembre de aquel comienzo de la década de los años 80´s, en competencias deportivas y culturales amistosas, ya en la noche empezó a expandirse la trágica noticia en todo el mundo.


 

Chihuahua y México no fueron la excepción del sorpresivo escozor, que entonces se reflejó en las transmisiones de los noticiarios de la televisión y en programas de radio musicales, en hogares y negocios. A partir de esa tragedia para el mundo de la música rock de la época, muchos de nosotros, adolescentes alocados, inquietos, buscando identidad por doquier, adoptamos la “beatlemanía” de manera divertida e intensa en su sucesivo.

Desde los años sesentas, setentas y a raíz de ese recordado ocho de diciembre de 1980, los temas de “Let it be”,“Woman”,“Watching The Wheels”, “Lady Madona”, “Yesterday”, “Imagine”, "Stand by me" y muchísimas otras composiciones de los genios John Lennon y Paul Mcarthney, acompañados de George y Ringo, se convirtieron en temas recurrentes para millones, a través de la radio, los discos de acetato y las cintas de audio de ese tiempo.

De manera vertiginosa e increíble, esa generación secundariana y de preparatoria de principios de los ochentas, a consecuencia de ese magnicidio en el mundo del rock, pudimos conocer y apreciar la música y letras sublimes de The Beatles, y en especial la filosofía existencialista y a favor del amor y la paz de Lennon.

Sin embargo, el trágico asesinato de John, a manos de un fanático desquiciado, provocó que la corriente musical y aun generacional de la ruptura social, se arraigara en muchos jóvenes y adultos a la sazón.

Pacifista en sus actitudes y en sus letras, y muchos de sus actos, John Winston Lennon Stanley de inmediato se agigantó en la mente de muchos, en diversos países del orbe, desafortunadamente con mayor fuerza, luego del crimen que lo inmortalizara. No obstante, Lennon y The Beatles, como lo son ahora, hubieran pasado a la historia por su legado musical y cultural, con la misma grandeza que se les considera en este tiempo.

De hecho, incluso hoy día, cuando la tecnología ha convertido las producciones musicales en una desastrosa tendencia de la juventud hacia el “sonsonete” de los tonos electrónicos, sin sustancia ni esencia, y en una era de la Internet, y la globalización consumista que nos avasalla, el concepto musical de Lennon, su pensamiento por la paz, contra la guerra y otros valores humanos universales encomiables, no pierde absolutamente vigencia alguna.

Quienes nos encontrábamos en secundaria o bachiller aquel lamentable 8 de diciembre de 1980, y en una encrucijada existencialista, propia de la edad, vibramos con intensidad, cuando los discos de Lennon y los Beatles comenzaron a sonar con mayor vigor en todas partes a partir de esa negra fecha.

En franca imitación al genio inglés, contra las disposiciones de la prefectura en las escuelas, dejamos crecer nuestras cabelleras, introdujimos grabadoras de gran tamaño a las aulas para escuchar la música de Lennon, y hasta experimentamos con un primer carrujo de yerba seca verde.

Hubo, en el caso de mi querida escuela, al año siguiente (1981) una escenificación de un concierto, emulando con emoción y entrega al cuarteto de Liverpool, con todo y las melenas que usaban aquéllos, y con los lentejuelos redondos, transparentes y pequeños como los del maestro John. En la explanada de la “secun”, se aglomeraron todos a ver el espectáculo, contra la voluntad de los directivos.

Recuerdo que en esos días, nadie nos despegábamos de la estación de radio FM “El Lobo”, la empresa radiofónica de los López de la Rocha, que fue de las primeras que transmitiría la música de The Beatles y Lennon, con Charly Woodman y Jonathan González en cabina, cuando vivía aún don Guillermo López Borja, su fundador.

Y algunos, los más fanáticos, compramos pistas instrumentales de varias de las canciones de los genios “escarabajos”, para hacer nuestras propias grabaciones en cassettes de cinta ordinaria, que luego oíamos en grupo, para reírnos y criticarnos.

Temas como “Lucy in the sky with diamons”, Here come the sun”, "Hey Jude”, "Mother", “Revolution”, "Power to the people", "Strawberry fields forever" y tantas otras… muchas más, fueron piezas que quedaron grabadas por algunos de nosotros, con esas voces roncas y a veces chillonas de “silbidos” y con “gallos” agudos terribles de adolescentes, que por otro lado, harto nos divertían.

Para nuestra camada de los 80s, ese ocho de diciembre de ese primer año de la década, fue genial. Significó un parte aguas de comportamiento y estilo de vida que duró muchos años más. Y aunque nuestros padres ya hablaban del rompimiento de esquemas, de las conductas de transformación y cambio, mediante la vestimenta y las protestas de los 60´s y 70´s, para nosotros la desaparición de Lennon, nos había introducido en un mundo nuevo de ruptura social.

Quizá todo eso era la inercia de lo que ya había sido todo un fenómeno musical y cultural para el mundo, veinte años atrás, pero que perduraría, al menos en concepto e idea, hasta nuestros días.

¡Gracias por tu legado músico-cultural: Jhonn Winston Lennon, dondequiera que estés!




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