Sergio Armando Castillo

EL PITONISO, DEL PATRICIO PANISTA…

2018-01-23 - Sergio Armando Castillo


Al virtual candidato a la alcaldía de Chihuahua capital, el ex gobernador y ex presidente municipal, Patricio Martínez García, seguramente le tocará vivir el síndrome “Fuentes Molinar”, muy pronto.


 

Las condiciones son similares a las de aquel año 1983, cuando don Luis Fuentes sería postulado por el PRI, en segunda ocasión, para encabezar el Ayuntamiento local. En ese segundo intento, frente al candidato del PAN, Luis Héctor Álvarez, considerado éste, hoy, un apóstol de la democracia chihuahuita.

Debidamente guardadas las proporciones entre ese incansable luchador demócrata, recientemente fallecido, ícono del panismo nacional, y María Eugenia Campos Galván, actual alcaldesa, ésta tiene los suficientes positivos y fortalezas, para repetir en la alcaldía, ahora que la reelección lo permite.

El ánimo anti-priista, anti corrupción, anti impunidad y demás negativos del Partido Revolucionario Institucional, casi todos, remasterizados con el pendiente de la detención de César Duarte Jáquez, ex gobernador por el PRI en el estado, y defenestrado por propios y extraños, capea en todo México y particularmente en Chihuahua.

Así, más o menos, se percibía el ambiente en aquellos inicios de los años 80s, en los que el PAN y sus líderes y abanderados, capitalizaron el rencor ciudadano hacia el sistema político y hegemónico del partido tricolor, con su historial de fraudes electorales, corrupción y cinismo.

Ante ello, cómo hará Martínez García para sobreponerse en su campaña electoral? Difícil que lo logre… Por tanto, desde mi óptica, en el verano venidero, estará sucumbiendo ante su contrincante panista, con toda seguridad, salvo que ocurra una “hecatombe” política de magnitudes insospechadas.

Ello me hace remembrar cuando a este hombre, empresario intransigente, y político sui géneris, se le comenzaba a impulsar por el PRI en los años 90s., con todo y su lejano pasado de militancia blanquiazul, por muchos ocultado.

Corrían los primeros calentamientos hacia el proceso electoral del histórico año político 1992, en que pocos imaginaban el ascenso al poder, por primera vez, de un partido político de oposición al PRI, como fue el caso de Acción Nacional.

En ese momento, el periódico Novedades-Vanguardia comenzó a “jugar” con las notas informativas tendientes a dar luz sobre tal o cual precandidato a la gubernatura, diputaciones locales -28 en ese año- y las 67 alcaldías, que se disputarían.

Con la credibilidad perdida por el desgaste de una campaña periodística atroz, en contra de Rodolfo Torres Medina, alcalde de la capital, entonces, el periódico de Armando Castilla Sánchez intentaba seguir de pie en el escenario de la vida política.

Ante la trascendencia que revestían las elecciones, Castilla Sánchez comenzó a visitar (desde Saltillo) con más frecuencia Chihuahua, para hacer presencia en el medio político y pretender ser tomado en cuenta --como propietario de un medio-- en el reparto de las jugosas partidas publicitarias por parte de los candidatos y sus partidos, que contenderían en ese recordado proceso electoral.

A través del hombre que poseía, ciertamente, dotes de negociador y diplomacia política, aunque desprestigiado, Rodrigo Sarmiento Valtier, Castilla Sánchez buscó por todos los medios llegar a un acuerdo con el entonces gobernador Fernando Baeza, para apoyar desde su empresa editorial, al candidato a gobernador del PRI, Jesús Macías Delgado, a quien se adjetivara, después, de personalidad gris y débil carácter político.

Politólogos de la entidad y el país, resumirían en torno a la candidatura de Macías Delgado, que el PRI en Chihuahua, intentaba sostener a una figura de escasa penetración, mal manejado publicitariamente y con más críticas y problemas que haya tenido ese partido y su candidato, en la historia del estado.

Previo a los destapes y el lanzamiento de las convocatorias del PRI, el “gordo” Castilla empezaba a rondar por los pasillos de Palacio de Gobierno y del Comité Estatal de tricolor, a fin de ir “amarrando” los convenios de publicidad.

El empresario editorial se mostraba presuroso y pretendía anticiparse a todos.

De ese modo, un buen día Castilla vino a la capital del estado, y fue a reunirse con Patricio Martínez García – a la sazón, director de administración del gobierno de Fernando Baeza Meléndez-, a quien en tono de broma, pero con cierta seguridad esbozada en el rostro, le dijo que sería el próximo Presidente Municipal de Chihuahua.

Patricio, como siempre, juguetón y dicharachero le respondió como suelen hacerlo casi todos los políticos que apenas se empiezan a mover para conquistar al “hueso” o candidatura: “házmela buena Armando”. Los dos empresarios, acercados por Eloy Santiago Vallina L. y el grupo de hombres de negocios ligados al revolucionario institucional, se hablaban de tú.

Esa charla de futurismo político del coahuilense y el distribuidor de libros, en ese tiempo director de Administración del Gobierno del Estado, se escenificó meses antes del proceso electoral formal.

Posteriormente, como candidato, luego de aquella accidentada convención municipal del PRI, en la que “jugaron” también, por la candidatura a la alcaldía, Carlos Soto Ponce y el empresario ex-maderero Bernardo Pérez Acedo, --repitió su pretensión en 1995 a ese mismo puesto-- Patricio Martínez, constantemente acudía a las oficinas del matutino Vanguardia, a dialogar con sus directivos, y de paso, saludar y comentar con los redactores, los contenidos informativos, especialmente los que abordaban las actividades de su campaña política.

Antes de obtener la candidatura del tricolor, a la Presidencia Municipal, precisamente en el evento de selección, hubo detalles que pasaron desapercibidos para algunos medios de comunicación, pero no para Vanguardia, porque se suponía que en ese medio impreso, sí se publicaba todo.

Seguido de un empecinamiento del exgobernador Baeza Meléndez, por hacer Alcalde a Patricio, mediante un ilimitado apoyo económico y electoral, el acto partidista ardía, debido a que un aguerrido grupo de entre los característicos presidentes seccionales del PRI, había trabajado “duro” en favor de Soto Ponce y otros cuantos tenían el compromiso de dar su voto, como delegados efectivos, a Pérez Acedo.

Este último, solitario en la política de su partido, había enfrentado las disposiciones ortodoxas del gobernador Baeza y por ende del PRI, partido que dirigía el profesor deliciense Mario Tarango Ramírez.

Sin embargo el terco Bernardo, llegó hasta la convención, no sin que al final de la misma calificara la elección interna como una “burda” imposición.

Muchos recuerdan que luego de la entrada de los delegados efectivos al recinto partidista y de los discursos en los que Carlos Soto Ponce pedía democratización en su partido, y, Pérez Acedo sugería “armar” a la ciudadanía para protegerla de la delincuencia; Patricio ofrecía trabajo, trabajo y más trabajo para transformar la ciudad.

Enseguida del uso de la tribuna por los tres, vinieron las protestas y los gritos de los seguidores de Soto Ponce y de Pérez Acedo. Se había votado mayoritariamente en favor de quien fuera después diputado federal (1997) y gobernador de Chihuahua(1998).

Mientras Bernardo salía de la convención enojado, por considerar que había preparado todo para que resultara triunfador de la jornada interna, Patricio Martínez, Carlos Soto Ponce y su gente distribuía una copia de la supuesta afiliación de Martínez García al PAN.

Los reporteros de Vanguardia, entre ellos este autor, como jefe de información, retomamos todas las incidencias, por lo menos las de mayor relevancia, para llevarlas a la redacción tal como se habían presentado.

Ese mismo día en la noche, minutos después de terminada la jornada priísta, el candidato electo a la alcaldía, arribó al edificio de Vanguardia, como  había acostumbrado, para saludar a todos y platicar con los directivos. Lo acompañaba el adusto periodista Octavio Páez Chavira (+), quien muchos suponían, sería el vocero de la campaña del propietario del Centro Librero la Prensa.

El candidato pidió hablar con el director editorial Oscar Medrano Sánchez, pero ni él, ni Armando Castilla, el dueño,  se encontraban en la ciudad, por lo que el subdirector y el jefe de Información, Efrén Castillo, atendimos a Patricio en el cubículo de quien esto escribe.

Tal vez el candidato, a quien algunos miembros de su partido impugnaban en esa ocasión, asesorado por sus amigos, sabía que algo de lo recogido en el accidentado evento político, podría reproducirse en las páginas de Vanguardia, en descrédito de su legítima aspiración política, y por ello acudió a dar su versión del asunto.

Otras informaciones, anteriores, indicaban que Patricio era estricto en el apego a la verdad, que los medios debían exhibir en la impresión de sus palabras y consideraciones, casi con puntos y comas del propio empresario.

En el diálogo con los responsables del periódico, esa, una tarde del mes de mayo de 1992,  Patricio dijo que los señalamientos de sus compañeros contrincantes, eran calumniosos y con ánimo de descalificarlo, entre otras afirmaciones.

La fuente consultada por el periódico, para sustentar la versión de que Martínez García se habría adherido a un partido distinto al suyo en los ochentas, fue, en esa entrega, Javier Corral Jurado – Hoy gobernador de Chihuahua, y al parecer cercano a Patricio-, quien en esos días se encargaba de asuntos de comunicación y maestro de ceremonias en la campaña a gobernador, de su padrino Francisco Barrio Terrazas.

Así, en la página 3-A del matutino Novedades-Vanguardia, apareció una nota en la que se consignaba la declaración del panista Corral sobre el abanderado del PRI al Ayuntamiento, Martínez García. En el resto de los diarios nunca se anotó el dato.

Corral, en esa ocasión, se había apoyado en una foja de afiliación de Patricio al PAN, -calificada de apócrifa por el mismo “PAT”-, con las siglas de ese partido que después dirigiría el propio Corral Jurado.

En los días subsecuentes, el candidato Martínez García, varias veces invitó a este reseñador, a sus recorridos de campaña. En una de esas veces, en la que se disponía a salir a Santa Eulalia, a un acto con maestros estatales, Patricio preguntó al jefe de información de Vanguardia: “Dónde está el pitoniso de Armando Castilla?.

El redactor respondió: “Porqué le dice pitoniso al señor Castilla, contador Martínez?”. El candidato, a quien semanas después le pondrían el mote de “Maromero Martínez” ó “Huracán Martínez”, -llegaba corriendo con las manos en alto y sonriendo, a los eventos proselitistas- contestó que le llamaba pitoniso, porque desde que ocupaba la dirección de administración en el gobierno estatal, en una charla que sostuvo con el dueño del rotativo, éste le vaticinó que sería Presidente de Chihuahua.

Castilla Sánchez, el pitoniso de Patricio, murió entrado el nuevo siglo. Hoy, 26 años después, quién vaticinará que Martínez García será Alcalde?

EL PITONISO, DEL PATRICIO PANISTA… Al virtual candidato a la alcaldía de Chihuahua capital, el ex gobernador y ex presidente municipal, Patricio Martínez García, seguramente le tocará vivir el síndrome “Fuentes Molinar”, muy pronto. Las condiciones son similares a las de aquel año 1983, cuando don Luis Fuentes sería postulado por el PRI, en segunda ocasión, para encabezar el Ayuntamiento local. En ese segundo intento, frente al candidato del PAN, Luis Héctor Álvarez, considerado éste, hoy, un apóstol de la democracia chihuahuita. Debidamente guardadas las proporciones entre ese incansable luchador demócrata, recientemente fallecido, ícono del panismo nacional, y María Eugenia Campos Galván, actual alcaldesa, ésta tiene los suficientes positivos y fortalezas, para repetir en la alcaldía, ahora que la reelección lo permite. El ánimo anti-priista, anti corrupción, anti impunidad y demás negativos del Partido Revolucionario Institucional, casi todos, remasterizados con el pendiente de la detención de César Duarte Jáquez, ex gobernador por el PRI en el estado, y defenestrado por propios y extraños, capea en todo México y particularmente en Chihuahua. Así, más o menos, se percibía el ambiente en aquellos inicios de los años 80s, en los que el PAN y sus líderes y abanderados, capitalizaron el rencor ciudadano hacia el sistema político y hegemónico del partido tricolor, con su historial de fraudes electorales, corrupción y cinismo. Ante ello, cómo hará Martínez García para sobreponerse en su campaña electoral? Difícil que lo logre… Por tanto, desde mi óptica, en el verano venidero, estará sucumbiendo ante su contrincante panista, con toda seguridad, salvo que ocurra una “hecatombe” política de magnitudes insospechadas. Ello me hace remembrar cuando a este hombre, empresario intransigente, y político sui géneris, se le comenzaba a impulsar por el PRI en los años 90s., con todo y su lejano pasado de militancia blanquiazul, por muchos ocultado. Corrían los primeros calentamientos hacia el proceso electoral del histórico año político 1992, en que pocos imaginaban el ascenso al poder, por primera vez, de un partido político de oposición al PRI, como fue el caso de Acción Nacional. En ese momento, el periódico Novedades-Vanguardia comenzó a “jugar” con las notas informativas tendientes a dar luz sobre tal o cual precandidato a la gubernatura, diputaciones locales -28 en ese año- y las 67 alcaldías, que se disputarían. Con la credibilidad perdida por el desgaste de una campaña periodística atroz, en contra de Rodolfo Torres Medina, alcalde de la capital, entonces, el periódico de Armando Castilla Sánchez intentaba seguir de pie en el escenario de la vida política. Ante la trascendencia que revestían las elecciones, Castilla Sánchez comenzó a visitar (desde Saltillo) con más frecuencia Chihuahua, para hacer presencia en el medio político y pretender ser tomado en cuenta --como propietario de un medio-- en el reparto de las jugosas partidas publicitarias por parte de los candidatos y sus partidos, que contenderían en ese recordado proceso electoral. A través del hombre que poseía, ciertamente, dotes de negociador y diplomacia política, aunque desprestigiado, Rodrigo Sarmiento Valtier, Castilla Sánchez buscó por todos los medios llegar a un acuerdo con el entonces gobernador Fernando Baeza, para apoyar desde su empresa editorial, al candidato a gobernador del PRI, Jesús Macías Delgado, a quien se adjetivara, después, de personalidad gris y débil carácter político. Politólogos de la entidad y el país, resumirían en torno a la candidatura de Macías Delgado, que el PRI en Chihuahua, intentaba sostener a una figura de escasa penetración, mal manejado publicitariamente y con más críticas y problemas que haya tenido ese partido y su candidato, en la historia del estado. Previo a los destapes y el lanzamiento de las convocatorias del PRI, el “gordo” Castilla empezaba a rondar por los pasillos de Palacio de Gobierno y del Comité Estatal de tricolor, a fin de ir “amarrando” los convenios de publicidad. El empresario editorial se mostraba presuroso y pretendía anticiparse a todos. De ese modo, un buen día Castilla vino a la capital del estado, y fue a reunirse con Patricio Martínez García – a la sazón, director de administración del gobierno de Fernando Baeza Meléndez-, a quien en tono de broma, pero con cierta seguridad esbozada en el rostro, le dijo que sería el próximo Presidente Municipal de Chihuahua. Patricio, como siempre, juguetón y dicharachero le respondió como suelen hacerlo casi todos los políticos que apenas se empiezan a mover para conquistar al “hueso” o candidatura: “házmela buena Armando”. Los dos empresarios, acercados por Eloy Santiago Vallina L. y el grupo de hombres de negocios ligados al revolucionario institucional, se hablaban de tú. Esa charla de futurismo político del coahuilense y el distribuidor de libros, en ese tiempo director de Administración del Gobierno del Estado, se escenificó meses antes del proceso electoral formal. Posteriormente, como candidato, luego de aquella accidentada convención municipal del PRI, en la que “jugaron” también, por la candidatura a la alcaldía, Carlos Soto Ponce y el empresario ex-maderero Bernardo Pérez Acedo, --repitió su pretensión en 1995 a ese mismo puesto-- Patricio Martínez, constantemente acudía a las oficinas del matutino Vanguardia, a dialogar con sus directivos, y de paso, saludar y comentar con los redactores, los contenidos informativos, especialmente los que abordaban las actividades de su campaña política. Antes de obtener la candidatura del tricolor, a la Presidencia Municipal, precisamente en el evento de selección, hubo detalles que pasaron desapercibidos para algunos medios de comunicación, pero no para Vanguardia, porque se suponía que en ese medio impreso, sí se publicaba todo. Seguido de un empecinamiento del exgobernador Baeza Meléndez, por hacer Alcalde a Patricio, mediante un ilimitado apoyo económico y electoral, el acto partidista ardía, debido a que un aguerrido grupo de entre los característicos presidentes seccionales del PRI, había trabajado “duro” en favor de Soto Ponce y otros cuantos tenían el compromiso de dar su voto, como delegados efectivos, a Pérez Acedo. Este último, solitario en la política de su partido, había enfrentado las disposiciones ortodoxas del gobernador Baeza y por ende del PRI, partido que dirigía el profesor deliciense Mario Tarango Ramírez. Sin embargo el terco Bernardo, llegó hasta la convención, no sin que al final de la misma calificara la elección interna como una “burda” imposición. Muchos recuerdan que luego de la entrada de los delegados efectivos al recinto partidista y de los discursos en los que Carlos Soto Ponce pedía democratización en su partido, y, Pérez Acedo sugería “armar” a la ciudadanía para protegerla de la delincuencia; Patricio ofrecía trabajo, trabajo y más trabajo para transformar la ciudad. Enseguida del uso de la tribuna por los tres, vinieron las protestas y los gritos de los seguidores de Soto Ponce y de Pérez Acedo. Se había votado mayoritariamente en favor de quien fuera después diputado federal (1997) y gobernador de Chihuahua(1998). Mientras Bernardo salía de la convención enojado, por considerar que había preparado todo para que resultara triunfador de la jornada interna, Patricio Martínez, Carlos Soto Ponce y su gente distribuía una copia de la supuesta afiliación de Martínez García al PAN. Los reporteros de Vanguardia, entre ellos este autor, como jefe de información, retomamos todas las incidencias, por lo menos las de mayor relevancia, para llevarlas a la redacción tal como se habían presentado. Ese mismo día en la noche, minutos después de terminada la jornada priísta, el candidato electo a la alcaldía, arribó al edificio de Vanguardia, como había acostumbrado, para saludar a todos y platicar con los directivos. Lo acompañaba el adusto periodista Octavio Páez Chavira (+), quien muchos suponían, sería el vocero de la campaña del propietario del Centro Librero la Prensa. El candidato pidió hablar con el director editorial Oscar Medrano Sánchez, pero ni él, ni Armando Castilla, el dueño, se encontraban en la ciudad, por lo que el subdirector y el jefe de Información, Efrén Castillo, atendimos a Patricio en el cubículo de quien esto escribe. Tal vez el candidato, a quien algunos miembros de su partido impugnaban en esa ocasión, asesorado por sus amigos, sabía que algo de lo recogido en el accidentado evento político, podría reproducirse en las páginas de Vanguardia, en descrédito de su legítima aspiración política, y por ello acudió a dar su versión del asunto. Otras informaciones, anteriores, indicaban que Patricio era estricto en el apego a la verdad, que los medios debían exhibir en la impresión de sus palabras y consideraciones, casi con puntos y comas del propio empresario. En el diálogo con los responsables del periódico, esa, una tarde del mes de mayo de 1992, Patricio dijo que los señalamientos de sus compañeros contrincantes, eran calumniosos y con ánimo de descalificarlo, entre otras afirmaciones. La fuente consultada por el periódico, para sustentar la versión de que Martínez García se habría adherido a un partido distinto al suyo en los ochentas, fue, en esa entrega, Javier Corral Jurado – Hoy gobernador de Chihuahua, y al parecer cercano a Patricio-, quien en esos días se encargaba de asuntos de comunicación y maestro de ceremonias en la campaña a gobernador, de su padrino Francisco Barrio Terrazas. Así, en la página 3-A del matutino Novedades-Vanguardia, apareció una nota en la que se consignaba la declaración del panista Corral sobre el abanderado del PRI al Ayuntamiento, Martínez García. En el resto de los diarios nunca se anotó el dato. Corral, en esa ocasión, se había apoyado en una foja de afiliación de Patricio al PAN, -calificada de apócrifa por el mismo “PAT”-, con las siglas de ese partido que después dirigiría el propio Corral Jurado. En los días subsecuentes, el candidato Martínez García, varias veces invitó a este reseñador, a sus recorridos de campaña. En una de esas veces, en la que se disponía a salir a Santa Eulalia, a un acto con maestros estatales, Patricio preguntó al jefe de información de Vanguardia: “Dónde está el pitoniso de Armando Castilla?. El redactor respondió: “Porqué le dice pitoniso al señor Castilla, contador Martínez?”. El candidato, a quien semanas después le pondrían el mote de “Maromero Martínez” ó “Huracán Martínez”, -llegaba corriendo con las manos en alto y sonriendo, a los eventos proselitistas- contestó que le llamaba pitoniso, porque desde que ocupaba la dirección de administración en el gobierno estatal, en una charla que sostuvo con el dueño del rotativo, éste le vaticinó que sería Presidente de Chihuahua. Castilla Sánchez, el pitoniso de Patricio, murió entrado el nuevo siglo. Hoy, 26 años después, quién vaticinará que Martínez García será Alcalde?



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