Valores: libertad, justicia, honestidad y transparencia.
Domingo, 22 de octubre del 2017
A Dios sea la gloria.

Sergio Armando Castillo

Aquél “temblor” en Palacio y la Uach…

2017-09-19 - Sergio Armando Castillo

Hace 32 años, el entonces rector de la Universidad, Reyes Humberto De las Casas Duarte, “El Pato”, insistía en decirle al gobernador de ese momento: “No quieren mi cabeza, quieren la suya”…


Eso, mientras  Saúl González Herrera, a la postre tesorero del gobierno de Ornelas y orquestador, en Chihuahua, de la caída de su propio jefe, financiaba y organizaba estudiantes universitarios, contra de Las Casas, pidiendo “democracia” en el campus.

Vaya este artículo relacionado con los acontecimientos de ese esa fecha histórica y memorable, en memoria del “Pato” de las Casas Duarte, quien justamente ayer, a 24 horas de cumplirse treinta y dos años de esos hechos, dejó de existir…

El entonces noticiario de Televisa México, conducido por Guillermo Ochoa en las mañanas comenzó a cimbrarse: ¡Está temblando, dijo al aire la co-conductora, Lourdes Guerrero, con una voz entre nerviosa y aplomada. Estaban a cuadro, en vivo, en red nacional.

 

-No hay problema, es muy leve, responde el comentarista de deportes Juan Dozal, al lado de ella.

 

Ciertamente los “defeños” están acostumbrados a lidiar frecuentemente con movimientos telúricos de diversa graduación en la escala Richter. Pero ese día, 19 de septiembre de 1985, sería histórico, catastrófico, negro para ellos y la nación mexicana entera.

 

Al filo de las 7 de la mañana con 19 minutos, el estudio del noticiario se tambaleaba y en unos instantes, se apagaron las pantallas.

 

Fue de esa forma como millones de telespectadores en el país, nos enterábamos del devastador terremoto en el Distrito Federal. Otros lo escucharon en la radio.

 

Ese impacto natural desquició a la capital del país de manera sorprendente. Sin embargo, muchos de los estados del centro y norte de la República, de uno u otro modo, se vieron innovados con el fenómeno, entre ellos Chihuahua.

 

De hecho, esta entidad fue una de las que, producto de lo que se conoció como la “diáspora chilanga", acogió a un mayor número de habitantes del Distrito Federal que se quedaron sin hogar, patrimonio, ni trabajo y decidieron empezar de nuevo, tanto en esta capital, como en Ciudad Juárez.

 

A partir de ese hecho, en Chihuahua se acuñaron algunas frases, que aunque poco solidarias y humanistas, fueron muy socorridas por los norteños de acá en su lenguaje cotidiano.

 

“Si amas a Chihuahua mata un chilango”, fue la más conocida, pocos años más tarde el sismo capitalino del 19 de septiembre de 1985.

 

Pero esa fecha trágica no sólo significó para los chihuahuenses del estado, el desastre que vino al Distrito Federal y a su población compatriota.

 

Un temblor político en Chihuahua

 

Para el estado grande de México, el 19 de septiembre de ese mismo año ´85, la fecha también representó un ¡temblor! de índole político, de enormes proporciones y consecuencias.

Aproximadamente a las 9 de la mañana, el Palacio de Gobierno de la capital del estado parecía derrumbarse también. Funcionarios entraban, funcionarios salían del despacho del gobernador Óscar Ornelas Kuchle.

 

Las informaciones se cruzaban. Unos hablaban de institucionalizar el apoyo a los damnificados del sismo en el distrito, muchos otros, los más, susurraban comentarios de grilla política entre sí. Algo descomunal estaba pasando, aparte del estremecedor terremoto de la capital del país.

 

El círculo rojo de entonces: políticos, dirigentes de los partidos, magnates empresariales, líderes sociales y demás, eran telefoneados desde el centro del país, para informarles de una noticia impactante, también, no igual, pero sí parecida a la de la catástrofe telúrica.

 

El destino estaba por cobrarle al entonces gobernador de Chihuahua, la factura por haber “permitido” que la entidad se hubiera pintado de “azul” dos años antes, y ese mismo año de 1985, que presagiaba la inminente llegada del primer gobernador panista al poder.

 

Para las 10 de la mañana, la sala de juntas de la Secretaría General de Gobierno, que ocupara don Armando Almeida Martínez, estaba repleta de reporteros, corresponsales, funcionarios y políticos.

 

Antes, el Congreso del Estado había comenzado una sesión extraordinaria, en la que el punto central del a orden del día fue, votar la designación de un mandatario interino o sustituto, como se quiera… La mayoría decidió por el, hasta ese momento, tesorero gubernamental, Don Saúl González Herrera (+), a quien se le conocería como el líder del grupo denominado “La mafia” en el PRI, sin connotación peyorativa, como señalan sus difusores.

 

Ya no cabía un alfiler en el salón Gobernadores. La expectativa era enorme. El movimiento informativo era una avalancha de datos, temas, secuelas, entrevistas, coberturas, enlaces, antecedentes, etc.

 

Finalmente se dio a conocer la “bomba” política, entre el cúmulo de versiones y comunicados del terremoto capitalino, y los cables nacionales que vía telefax llegaban de gobernación federal oficinas importantes del Palacio de Gobierno y a algunos medios de comunicación.

 

“Nos hemos reunido aquí para informarles, que con esta fecha, el señor licenciado don Óscar Ornelas Kuchle, acaba de solicitar licencia indefinida, para ausentarse del cargo de Gobernador Constitucional del Estado de Chihuahua”.

 

La oleada de preguntas de los periodistas no se hicieron esperar. Todos preguntaban los motivos y por el relevo.

 

Los diputados del Congreso local, sólo se concretaron a señalar que “fueron motivos personales” los que orillaron a don Óscar a retirarse del Ejecutivo Estatal.

 

Ahí mismo se dio a conocer el nombre de González Herrera, como el gobernador interino.

 

Al terminarse esa jornada álgida e intensa, algunos mencionaron de inmediato que no sólo había temblado en el Distrito Federal, sino que el sismo había llegado a Chihuahua, igual de fuerte que allá.

 

Don Saúl González Herrera, después, fue el encargado de evitar que la oposición, a la sazón, lograra su objetivo de conquistar el gobierno de Chihuahua con la figura de Francisco Barrio Terrazas, al año siguiente 1986.

 

Esa elección del “verano caliente”, al igual que aquellos dos temblores del año anterior, se volvió histórico, ya que trascendió las fronteras de México.

El proceso del ’86 resultó en un convulsionado ascenso al gobierno, del priísta Fernando Baeza Meléndez, hoy ex embajador, retirado, en medio de fuertes sospechas y señalamientos de “fraude electoral” por parte del PAN.




Comenta con tu cuenta de Facebook