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Australia y Canadá renuncian a unos Juegos Olímpicos cada vez más inciertos

2020-03-23 - Redacción

El Comité Olímpico Internacional estudiará durante cuatro semanas un posible aplazamiento de los Juegos Olímpicos.


La celebración de los Juegos Olímpicos de Tokio 2020 se está convirtiendo en un dolor de cabeza para políticos, organizaciones y atletas debido a la pandemia de coronavirus y el conflicto de intereses. 

Mantener las fechas -del 24 de julio al 9 de agosto- se complica cada día que pasa, no solo por la incertidumbre causada por la crisis sanitaria global, si no porque la mayoría de atletas permanecen sin entrenar por tiempo indefinido. Australia y Canadá ya han renunciado a participar y las federaciones estadounidenses de natación y atletismo y han pedido aplazarlos al año que viene.

Este lunes, pero sólo después de que el Comité Olímpico Internacional (COI) diera el primer paso y se diera un plazo de cuatro semanas para tomar esa decisión, el jefe del Gobierno nipón, Shinzo Abe, reconoció, por primera vez, que a lo mejor se tienen que aplazar los Juegos Olímpicos.

"Si es muy difícil seguir adelante con la organización de los JJOO de forma completa como está previsto, para dar prioridad al bienestar de los atletas sería inevitable abordar la decisión de posponer las fechas", aclaró Shinzo Abe en una intervención en el Parlamento.

Ese "sería inevitable" estudiar un aplazamiento, aunque todavía dejando en el aire la duda, representa no obstante un giro radical en las posturas de un Gobierno que machaconamente venía insistiendo en que sí o sí el 24 de julio próximo comenzarían los Juegos Olímpicos.

 

La OMS ha llamado este lunes a los organizadores a tomar una decisión sobre el futuro de los juegos lo antes posible. "Tenemos confianza en que el gobienro japonés y el Comité Olímpico Internacional no avanzarán con la realización de los juegos, para no poner en peligro a atletas ni especadores", dijo el doctor Mike Ryan.

El Gobierno de Japón ni siquiera cambió el discurso después de que desde Estados Unidos, el principal aliado nipón, el presidente Donald Trump sugiriera un aplazamiento en uno o dos años para evitar una fiesta olímpica con los estadios vacíos.

Trump mencionó esa idea el 12 de marzo pasado, en declaraciones a los periodistas, pero horas después habló telefónicamente con Abe y, según la versión oficial de Tokio, a partir de esa conversación "el Gobierno japonés no ha hecho ningún cambio y seguirá preparando (los JJOO) tal y como está planeado".

 

Pero en fechas posteriores hubo un tímido cambio en la narrativa oficial, ya que Abe y su equipo comenzaron a manejar el 17 de marzo la necesidad de tener las competiciones deportivas "de una forma completa"; es decir, con la asistencia regular de espectadores.

Aun así, siempre según las explicaciones oficiales, Abe había hablado con los otros líderes del G7 y ninguno de ellos había mencionado la posibilidad de aplazar los Juegos Olímpicos.

Ya para entonces se intensificaban las voces de deportistas que se quejaban de que no podían entrenar, de eventos clasificatorios cancelados o, sencillamente, de que las fronteras entre los países se estaban cerrando y cualquier viaje se podía convertir en un reto por los controles especiales por el COVID-19.

Pero, antes de eso, una y otra vez, el Gobierno de Japón y el Comité Organizador de Tokio 2020 se mantenían en las suyas, y no mostraban ninguna voluntad de hablar sobre un cambio de fechas.

Las autoridades niponas han venido encontrado en esa posición un importante aliado, el COI, que con sus propios mensajes seguía confirmando las fechas de los JJOO.

Tokio 2020 había entrado este año con una polémica previa, que, al igual que la actual, se cerró después de muchos debates por los temores de que los calores del verano el la ciudad asiática complicar disputar el maratón.

Al final, los organizadores optaron por llevarlo a la ciudad norteña de Sapporo, donde el verano es más suave, para enojo de la gobernadora de Tokio, Yuriko Koike, teniendo en cuenta que esa prueba es la más popular de los Juegos Olímpicos.

El brote de coronavirus surgido en la ciudad china de Wuhan no se hizo presente en Japón hasta mediados de enero, con un primer caso, aunque a comienzos de febrero tuvo una extensión mayor que, de todas formas, hasta la fecha sólo ha afectado a un millar de personas en este país.

Pero el 14 de febrero pasado, el presidente de la comisión coordinadora de los JJOO del COI, John Coates, dijo claramente que los organizadores de Tokio 2020 no contemplaban "planes de contingencia" por el brote de coronavirus. "No hay motivos para tener planes de contingencia ni para contemplar el traslado de los Juegos", afirmó Coates en una rueda de prensa que ofreció en Tokio.

Eran fechas, no obstante, en la que el escenario preocupante era Japón, por el avance del coronavirus, aunque los focos más graves estaban en China y en Corea del Sur.

Un reloj de cuenta regresiva este lunes en la capital nipona cuenta 123 días restantes para los Juegos Olímpicos de Tokio.Un reloj de cuenta regresiva este lunes en la capital nipona cuenta 123 días restantes para los Juegos Olímpicos de Tokio.AP Photo/Jae C. Hong

 

A finales de febrero, el comité organizador de Tokio 2020 se mantuvo en la misma posición: "Todo seguirá como siempre". Esta vez lo aseguró después de que el canadiense Dick Pound, decano del COI, hablara abiertamente de una posible cancelación si el coronavirus se convertía en muy peligroso para los atletas.

Y siguió insistiendo el Gobierno de Japón en lo mismo el 4 de marzo, cuando la Organización Mundial de la Salud (OMS) daba cuenta de que los casos de contagiados estaban presentes ya en 77 países, se habían registrado 214 muertos fuera de China, con 2,500 infectados en Italia y 2,300 en Irán.

"Seguimos ininterrumpidamente con la preparación para los JJOO tal y como está previsto", dijo ese día miércoles el ministro portavoz del Ejecutivo nipón, Yoshihide Suga.

La prueba de que el discurso oficial estaba muy lejos del sentimiento general la dio una encuesta difundida en Japón el 16 de marzo: el 70% de los japoneses pensaban entonces que los Juegos Olímpicos no comenzarían en la fecha programada.

La preocupación, no obstante, comenzó a hacer mella en el ánimo olímpico cuando se supo que el encendido de la llama olímpica, en Grecia, se haría sin público, y que tampoco habría público durante el recorrido en Japón de la antorcha, que supuestamente comenzará el jueves próximo.

Ya para entonces se agudizaban las voces que pedían decisiones al COI y a los organizadores de Tokio 2020, y que ya no servía mantener esa posición tan firme o seguir dejando en el aire una decisión.

"Creo que el hecho de que el COI insista en que esto siga adelante, con semejante convicción, es desconsiderado e irresponsable", llegó a decir la semana pasada la medallista olímpica canadiense e integrante de la comisión de atletismo del COI Hayley Wickenheiser.

En cualquier caso, la antorcha olímpica ha continuado su recorrido y llegó el pasado viernes a Japón en un avión especial que aterrizó en la base militar aérea de Matsushima, en el nordeste del país, donde se celebró una ceremonia de bienvenida de escala reducida.

 

900 millones para salir adelante sin JJOO

Fue una de las primeras decisiones que tomó Jacques Rogge cuando llegó a la presidencia del COI en el año 2001: encargar un informe que detallase cuánto dinero necesitaría el organismo para, en caso de que unos Juegos Olímpicos no se celebrasen, sobrevivir cuatro años más hasta los siguientes.

Ese informe encargado por el cirujano belga, que sustituyó en la presidencia del COI al español Juan Antonio Samaranch, fue presentado en 2002 en México ante la asamblea del COI: se calculó entonces que serían precisos 192 millones de dólares. Hoy, tras dos décadas de esplendor económico en el Movimiento Olímpico, esa reserva alcanza los 897 millones, en datos de 2018.

La Fundación del COI es la "reserva primaria de fondos del COI" y su propósito es "cubrir los gastos operativos del Comité durante una Olimpiada en la que no se celebren unos Juegos Olímpicos".

El último informe publicado por el COI sobre el estado de sus cuentas corresponde a 2018, año en el que ingresó 2,200 millones de dólares. El organismo cerró ese año con activos por valor de 4,100 millones de dólares, 2,300 de ellos en activos circulantes.

EE.UU. opta por esperar decisión

La directora general del Comité Olímpico y Paralímpico de Estados Unidos es consciente del peso que su país impone en una situación como esta, con una propagación irrefrenable del nuevo coronavirus a nivel mundial y el Comité Olímpico Internacional tomándose su tiempo antes de decidir si pospone los Juegos de Tokio. Así que no tiene prisa por usarlo.

“Mi rol no es hacer demandas en esas tomas de decisiones, sino ofrecer soluciones”, afirmó Sarah Hirshland, la directora general del Comité Olímpico y Paralímpico de Estados Unidos (USOPC, por sus siglas en inglés), a The Associated Press este domingo.

Hirshland y la directiva del USOPC han soportado las críticas que les corresponden por no hacer un llamado al COI a que posponga la competición, algo que sí ha realizado un creciente número de deportistas y organizaciones, entre ellas dos de las más importantes de Estados Unidos: las federaciones de natación y de atletismo.

 

La funcionaria se dijo capaz de asimilar las críticas, pero quiere dejar en claro que ella hace lo que considera mejor para asegurarse de que aplazar los Juegos Olímpicos es la mejor decisión y, quizá más importante aún, cuál debería ser el siguiente paso. En el centro de ese esfuerzo se encuentra un sondeo que el USOPC envió el fin de semana a cerca de 4,000 deportistas con aspiraciones olímpicas, preguntándoles sobre las condiciones de entrenamiento y situación médica en los lugares donde viven, al igual que su opinión respecto a cuándo creen que deberían realizarse los Juegos de Tokio.

El COI ha solicitado a Estados Unidos y al resto de los países detalles sobre las condiciones en sus respectivas sedes. “Estamos prestando atención a lo que los deportistas opinan, y les puedo asegurar que el COI va a escucharnos con toda claridad”, afirmó Hirshland.

No obstante, como ella se está dando cuenta, quizá no sea práctico decidir todo con base en lo que opina la mayoría o quienes alzan más fuerte la voz. Puso como ejemplo una respuesta del sondeo de un deportista que se tomó un año sabático para prepararse para los Juegos Olímpicos, cuyo entrenamiento no se ha visto tan afectado por el COVID-19 y quien no tiene la posibilidad de alargar su búsqueda de un pase a Juegos Olímpicos hasta 2021 o después.

“Estos son los escenarios reales que enfrentamos”, dijo Hirshland. “Lo bello de la diversidad nos obliga a meditar bien las cosas y abordar esto prácticamente de caso en caso, y pensar sobre la manera de mitigar estos desafíos lo mejor posible”.

Eso podría ayudar a explicar el comunicado más atenuado que emitió el domingo junto con Han Xiao, el presidente del consejo de asesoría para los deportistas. Ambos participaron en una junta directiva realizada después que el COI informó que podría llevarle hasta cuatro semanas decidir los pasos a tomar.

“Sabemos que nos esperan grandes obstáculos y todos estamos agradecidos de que el COI haya escuchado nuestras preocupaciones y necesidades, y que esté trabajando para atenderlas lo más pronto posible”, indicó el comunicado.

Hirshland también descartó la idea de que los comunicados de las federaciones de atletismo y natación de Estados Unidos -que cada una por separado le pidió a ella que asumiera el rol de líder del USOPC para solicitar un aplazamiento- equivalen a medidas unilaterales o una grieta en la unidad. La directiva reveló que habló con el director general de la federación de natación de Estados Unidos, Tim Hinchey, mucho antes de que él enviara la carta que luego fue dada a conocer públicamente.

“Es realmente importante que comprendamos la totalidad del entorno que nuestros atletas enfrentan”, dijo Hirshland. “Se trata de una realidad práctica para la que no hay una respuesta fácil por ahora”.




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