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“El Carnicero” de Pancho Villa

2013-11-19 - Redacción

Por: Ricardo Chaparro

Atento a cuanto se decía de Villa y el villismo, y a cuanto veía a mi alrededor, a menudo me preguntaba yo en Ciudad Juárez qué hazañas serían las que pintaban más a fondo la División del Norte: si las que se suponían estrictamente históricas, o las que se calificaban de legendarias; si las que se contaban como algo visto dentro de la más escueta realidad, o las que traían ya tangibles, con el toque de la exaltación poética, las revelaciones esenciales. Y siempre eran las proezas de este segundo orden las que se me antojaban más verídicas, las que, a mi juicio, eran más dignas de hacer Historia. Así describía Martín Luis Guzmán la Revolución Mexicana, pero sobre todo las hazañas y leyendas que ayudarían a forjar la historia de Pancho Villa, me refiero al otro Centauro del Norte, al general Rodolfo Fierro.


 

             La sombra. El número dos no siempre debería quedar en el anonimato o a la sombra del número uno. Desde el punto de vista histórico, la Revolución Mexicana en general y la División del Norte en particular tienen en Francisco Villa a su villano, a su héroe, a su caudillo, a su jinete y a su personaje mítico. Así lo demuestra la considerable cantidad de fotografías, de testimonios y de biografías sobre Villa. No obstante, al lado de él, agazapado en la crueldad de sus ejecuciones en relación siempre con las órdenes de Villa, hay un personaje importante: Rodolfo Fierro. Lo que llamó la atención de Villa sobre Rodolfo Fierro fue su invencible valor, su naturaleza despiadada, su lealtad y su cualidad de jinete. En la batalla de Tierra Blanca, realizó un acto que lo hizo famoso en toda la División del Norte: En el momento en que un tren lleno de soldados federales ganaba velocidad para salir de Tierra Blanca, Fierro, en una carrera al galope que le habría encantado a cualquier productor de cine, alcanzó a la locomotora, se emparejó con ella, saltó adentro, mató a los maquinistas y detuvo el tren, que a continuación pudieron atacar los villistas.

            Leyenda. La historia ha registrado también las características principales de la figura de Fierro; de entre ellas, destacan las relacionadas con la extrañeza y con la animalidad. Alguien lo tachó de “tipo rarísimo”: alto, robusto, cara redonda de tez morena, aspecto de niño grande, ojos claros y mirada eléctrica, pálido, barbiescaso y de mirada insolente. Ramón Puente dijo de él: “era un perro fiel, pero un perro injertado de lobo”. “El carnicero” era su apodo

            Graciela Villa, descendiente de Francisco Villa, y heredera de las historias respecto al general que fueron heredadas de generación en generación cuenta que en su familia no es bien recibido el nombre de Pancho Villa, ya que no era el héroe mexicano que muchas personas pintan.

            La bisnieta del Centauro del Norte explica que Villa casi no asistía a las batallas, sino que era quien se encargaba únicamente de realizar las estrategias de las mismas. Para eso tenía a Rodolfo Fierro, quien fue su brazo derecho. Al estallar la revolución constitucionalista contra Victoriano Huerta, Fierro militaba en las filas de Tomás Urbina, otro de los generales villistas de dudosa honestidad y arrebatos caciquiles. Había sido garrotero y ferrocarrilero, pero sus conocimientos técnicos eran insuficientes para hacerse cargo de la logística de la División del Norte y de su movilización en locomotoras.

A Villa le llamó la atención el valor y la audacia de Fierro. Supo de inmediato, que era un hombre temerario hasta la locura; no temía morir, por eso se le facilitaba matar; era despiadado y su lealtad incuestionable. Fierro conoció a Villa en septiembre de 1913, cuando los jefes militares de las regiones de la Laguna, Durango y Chihuahua se reunieron en la Hacienda de la Loma, en Durango, y votaron para entregarle el mando de la División del Norte a Pancho Villa. Como ocurrió con muchos otros hombres, Fierro cayó seducido ante el carisma de Pancho Villa.

            Encargos. Graciela relata como en una ocasión al general Villa le llegaron rumores o le entró la idea de que en el restaurante al que solía frecuentar en Jiménez estaban conspirando contra él. Fue así que no quiso arriesgarse y mandó rápidamente a Fierro a que se encargara de dicho asunto.

            El restaurante en Jiménez estaba a cargo de una familia de chinos, no se sabe a ciencia cierta qué fue lo que motivó a Francisco Villa querer exterminarlos, lo cierto fue que una corazonada o una voz le susurró al oído que la familia de ese restaurante debía ser aniquilada y así fue; la orden que el general Villa dio a su gatillero fue la de “acabar con todos”.

            Fue así que “El Carnicero” acató las órdenes de su jefe, y al llegar a dicho restaurante acabó con todos, e incluso hasta con la vida de un bebé que se encontraba al interior en ese momento. Lo sanguinario y la frialdad con que Fierro ejecutaba las órdenes de Villa hacían que estas misiones fueran tan precisas que, al lugar al que llegaba Pancho Villa y sus tropas fueran tan temidos y odiados. Es por ello que la descendiente del Centauro explica el por qué en Jiménez la figura de Pancho Villa no es bien recibida.

            Conspirador. Graciela señala que mientras se estaban llevando a cabo las batallas que el mismo Villa planeaba, él se disfrazaba y, de incógnito, recorría el pueblo para saber lo que la gente hablaba y decía de él y de la División del Norte. Fue así como sabía quiénes estaban en contra suya o quienes lo querían traicionar.

            La figura del jinete acompañó a Fierro hasta en la hora de su muerte. Al llegar a la laguna de riego de los mormones, en Nueva Casas Grandes, Chihuahua, Fierro intentó cruzar la laguna por en medio en lugar de rodearla. Al llegar al centro, la yegua alazana que montaba se fue al fondo. Se cuenta que Fierro salió nadando y riendo y solicitó su yegua negra para volver a intentarlo. El centro de la laguna estaba medio congelado, pero había un tajo de 18 metros por cinco de profundidad. La yegua perdió piso y dio una maroma. Seguramente con las patas golpeó al jinete Fierro, cuyo cuerpo ya no salió nunca; sólo su sombrero tejano quedó a flote.




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